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Marzo 2004. Número 1 ESPECIAL PROSPECCIONES PETROLÍFERAS OPINIÓN: El oro que nunca brilla No es casualidad ver cadáveres de africanos, y de rusos, y de
suramericanos, y de irakíes mientras se proyectan superhéroes norteamericanos
en el cine. No
es casualidad que hayamos llegado tan bajo en las artes, al igual que en la
comunicación. No es
casualidad que el ejército español decida ir a salvaguardar la paz en EL
MUNDO mundial cuando no es capaz de salvaguardar su territorio marítimo
terrestre de la invasión del Prestige, un simple petrolero que todavía sigue
con su invasión muy a pesar de lo que digan los políticos o los traidores a
esta nación, mientras la industria española armamentística sigue vendiendo
armas que probablemente maten a los jóvenes, valientes e ingenuos soldados
españoles. No es
casualidad los millones de asesinatos que padecen las mujeres en esta
sociedad, ni los millones de muertes que se tragan las carreteras españolas. Miremos
Galicia: sus bosques los han convertido en un eucaliptal, han incluso pagado
para arrancar las vides, han destrozado la ganadería con las vacas locas, y
ahora destruyen la pesca de bajura con el petróleo quitando este sector a las
clases pobres y sustituyendo por megapiscifactorías dominadas por las grandes
empresas colocándolas donde se quiere a pesar de su impacto ambiental y
paisajístico. Miren por ejemplo cabo Vilano, entre otros, es de llorar. Han
arrodillado y arruinado a un pueblo potencialmente próspero y rico en sus
recursos y su gente. La
ley de los hombres es dulce para la multinacional y agria para el entorno. Mientras los intelectuales se dedican al café, y los
trabajadores a producir sin pensar, y los listos a emigrar, toda la cultura
se muere por no defenderla, por miedo, por no estar de moda, o por falta de
brío en el alma. Pero se muere y se mata. La
población más rural dueña del saber más antiguo tenderá a desaparecer, con lo
cual los campos de cultivo de siglos de empirismo se perderán y serán objeto
de nuevo de las plantaciones masivas de eucaliptos que ya los empobrecidos
montes no son capaces de proporcionar, destruidos por la mente ávida de
dinero del hombre y del fuego. Nacionalistas
de Galicia, de Castilla, o del Imperio: todos hijos de la misma mierda. Hoy
en día sin una conciencia planetaria estamos perdidos. Hoy la humanidad está
siendo dirigida hacia un gran campo de trabajo esclavo en lucha de
adolescente cuando se necesita de una madura visión para su salud y
crecimiento. Cada
vez menos pueblo, menos cultura, menos identidad. Cada vez menos público y
más privado, y más público gestionado por lo privado. Si
algo salva todavía a este país, se ha visto, ha sido el impulso entusiasta de
los voluntarios, como en el caso del Prestige, porque nuestro mundo no quede
anegado por la negra mancha de sus gestores: los políticos, y sus lacayos
técnicos, los científicos. Dos sectores que han desprestigiado de lo mejor
que ha construido el ser humano en su civilización. No abusemos de esa
generosidad. Si algo salva todavía a esta manera de ser, es que los
ciudadanos no se rinden ante la locura de servir al desastre, como ha
ocurrido en Lanzarote, y los ciudadanos están tomando las riendas de su vida,
de su mundo, del que quieren vivir, y no del que le dicen que tienen que
vivir. Hoy
se presenta para presidente del reino de España (véase carnet de conducir)
por el PP un auténtico traidor y mentiroso a Galicia y sus gentes. Da
pena vivir entre cobardes sobornados y vendidos al dinero que les mata no
sólo sus recursos sino también su espíritu. Se han comprado las voluntades y
los votos. Se han vendido las almas del orgullo. Un ser humano puede verse
inmerso en el infierno pero tiene capacidad de transformarlo. En
Galicia la Administración regida por el fascismo articula el poder para dar
paso a un coro de enfermedades contagiosas del miedo. La realidad no miente
ni engaña, y el dinero ni se come ni alimenta. Conselleiro de Pesca, Ministra
de Medio Ambiente, Ministerio de Sanidad, Presidente de la Xunta de Galicia,
Presidente de España, todos habéis sido cómplices de la muerte en Galicia,
pero los muertos cuando ya nos han matado no tenemos miedo a decir la verdad. Sergio Portela Campos Voluntario
en la recogida del oro negro asesino en el 2002 y 2003 ante la corrupta y
descarada actuación del gobierno regente y sus cómplices |