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TRIBUNA LIBRE

El turismo en los albores del siglo XXI y el papel de la Universidad

por Pedro Hernández

 

 

 

 

 

 

 

 

Julio 2004. Número 10

(Primera quincena)

 

TRIBUNA LIBRE

 

EL TURISMO EN LOS ALBORES DEL SIGLO XXI Y EL PAPEL DE LA UNIVERSIDAD

(discurso en la Orla de la 4ª promoción de diplomados en Turismo de la Escuela Universitaria de Turismo de Lanzarote)

 

Saludos y bienvenida a los asistentes: padres, madres, amigos y amigas de los alumnos y alumnas de la 4ª promoción; profesores, responsables académicos de la Escuela de Turismo y de la Universidad y autoridades aquí presentes.

 

Gracias por la asistencia a un acto tan emotivo como éste. A unos, en calidad de autoridades académicas y políticas y a otros, familiares y amigos, por compartir las emociones que genera un acto de estas características.

 

Es una responsabilidad, por mi parte y por la de mi compañera María José, y nos hace temblar el pulso y la emoción, estar a la altura de las esperanzas que ustedes han depositado en nosotros cuando decidieron que fuésemos sus padrinos en un día tan significativo, que culmina una etapa educativa. Se quiera o no, la vida y la existencia de todos y cada uno de nosotros está llena de atajos, pero no se sabe muy bien porqué, hay algunos momentos que quedan impregnados como un sello, como el de hoy, en el que esperamos no equivocarnos.

 

Lo que hoy vamos a decir, es fruto de la experiencia personal, del conocimiento y de la manera de entender este mundo. Es necesario comprender también que las cosas que decimos forman parte de nuestra manera de entender la realidad. Deseo hablarles sobre algunas cosas del ciclo histórico que vive la humanidad desde el año 2001 para acá, en relación con el ciclo académico y personal que ha significado para ustedes los últimos 3 años. Y también del papel que el conocimiento, la universidad, profesores y estudiantes tendríamos que jugar ante situaciones tan dramáticas como las que estamos viviendo.

 

Precisamente, el año 2001, en el que se celebró la Orla de la 1ª promoción, y en el que ustedes ingresaron en la Escuela, supone un ecuador en el devenir histórico de los últimos años. Un antes y un después. En el ámbito turístico supuso la escenificación legislativa de un convulso debate social sobre los límites del crecimiento turístico que se venía desarrollando desde las postrimerías del pasado siglo. Y en el ámbito mundial, ese año marcó el inicio de una nueva etapa, dramática e incierta, en el planeta, a raíz de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, que tuvieron su respuesta en las invasiones de Afganistán e Irak, y cuyo último y triste capítulo han sido los recientes atentados del 11 de marzo en Madrid.

 

En torno a octubre del año 2001 ustedes iniciaron su singladura en la Escuela de Turismo con la expectación y precaución que se tiene con todo lo que sea nuevo: nuevos estudios, nuevos compañeros y compañeras, para una parte de ustedes cambio también de residencia y de isla; en definitiva, un proceso iniciático a una nueva vida y a una actividad profesional. Nueva vida en el terreno académico y nueva vida desde el punto de vista de las experiencias personales y nueva vida también por las posibilidades de insertarse profesionalmente en la sociedad. En esos momentos, ninguno de ustedes podía obviar el tremendo escalofrío que en torno al mediodía del 11 de septiembre recorrió el mundo, que no ha dejado de recorrerlo desde aquella fecha: Balí, Estambul, Casablanca y Madrid, que ha sido lo más despiadado que hemos conocido.

 

Pero no sólo el terrorismo, sino que la destrucción sistemática, por el mismo terror indiscriminado por aquellos que en nombre de no se sabe qué, han destruido Irak y Afganistán. Ese escenario dramático e inasumible por cualquier persona de buena voluntad que transite por este mundo; en el caso particular de nosotros en Canarias también se acerca: Casablanca y Madrid están muy próximas y, sin quererlo, están acercando esos escenarios bélicos a las Islas. Porque da igual qué tipo de vida se trunque, sea humana o animal.

 

En septiembre de 2002 muchas vidas de zifios fueron cercenadas en las costas canarias por maniobras militares que en estos días se han repetido. Todo esto es incompatible con la actividad turística, que necesita paz y tranquilidad para desarrollarse. Es absolutamente contradictorio también, que en las playas que son visitadas por turistas, se puedan encontrar vidas humanas sesgadas por la situación de hambre, miseria y pobreza que viven en sus lugares de origen y que los obligan a buscar un futuro mejor. Para entendernos de forma rápida, Canarias como potencia turística mundial, con más de 12 millones de visitantes, no puede obviar la situación biogeográfica que tiene y que nos hace estar en la misma encrucijada y puente para huir del hambre. Eso lo que hace que convivan estas dos realidades tan contradictorias.

 

Todos, absolutamente todos, tenemos que actuar para contribuir a que no se deteriore Canarias como destino turístico y para que esa realidad contradictoria del hambre y la  miseria llegando a nuestras costas no se siga produciendo. En definitiva, contribuir a un mundo con mayor equidad.

 

A partir del año 2001, final de un ciclo y comienzo de otro, se ha tomado conciencia de que existen límites al crecimiento ilimitado del turismo en Canarias. Entre los años 50 y 60 todo el perímetro de las costas isleñas con capacidad para el desarrollo turístico: costa sureste de Lanzarote y Fuerteventura; en Gran Canaria desde Bahía Feliz hasta Mogán (con el intento de llegar a Veneguera) y en Tenerife desde el Médano hasta los acantilados de Los Gigantes fueron calificadas como suelos aptos para el desarrollo turístico, en una época expansionista que buscaba salir del ostracismo, del atraso, de la situación económica propia de la posguerra civil y posguerra mundial. En términos poblacionales lo que abundaba en las islas era la salida exterior.

 

Pero a principios de los años 70 este ciclo se invierte, se paraliza la salida poblacional al exterior y se acelera la transformación de las estructuras demográficas, poniendo ya de forma clara y concluyente en la segunda mitad de los años 90 la imposibilidad de continuar con la inercia de la construcción de manera constante y continuada de cientos de miles de camas turísticas, modificando las costas de las Islas y llevando aparejado un cambio en los activos poblacionales que hasta la fecha habíamos conocido.

 

Manrique, entre otros, ya avisó desde la segunda mitad de la década de los ochenta de la imposibilidad de continuar con esa inercia: “¿Tendríamos esperanza? ¿Podemos salvar ya lo que nos queda? ¿Es cuestión de visión inteligente? Creo que el paso no puede ser más evidente, descarado y elemental para darse cuenta de que ha llegado el MOMENTO DE PARAR.”(c.1985).

 

En mayo y julio de 2001, el gobierno de Canarias reconoce la realidad y toma decisiones, asumiendo que el archipiélago tiene expectativas de construcción de 1.200.000 camas turísticas, lo que haría necesario que a las Islas llegaran anualmente de 32 millones de visitantes para poder mantener unos óptimos niveles de ocupación. Se inicia un ciclo que culmina con las Directrices Generales de Ordenación y del Turismo. Pero todo hay que decirlo, el interés general incluso más allá de las propias fronteras insulares está sometido a una profunda marea especulativa y agobiante.

 

Tal y como nuestro compañero Pedro Calero enunció en el año 2001 en el anuario de la primera promoción de diplomados, “quiero pedir a los alumnos que lleguen a lo más alto porque la sociedad necesita de gente preparada como ustedes...que no les paren los mediocres, ni los deshonestos, ni los tontos, porque con ellos no se va a ningún sitio, sólo a caminar en círculos, sin destino claro.”.

 

Es decir, ustedes deben librar la batalla titánica por el conocimiento científico, riguroso, al servicio de la sociedad, el mismo espíritu que impulsó la creación de las universidades al final de la Edad Media europea, cuando estudiantes y profesores se tuvieron que ir a la periferia de las grandes ciudades de la época, fundando Cambridge, Oxford, y en las afueras de París, para continuar su lucha por nuevos conocimientos y su aportación a la sociedad de forma previsora, etapa reflejada magistralmente por Umberto Eco en “El nombre de la rosa”.

 

Ese es el papel que las universidades canarias y los centros educativos vinculados al conocimiento tienen que cumplir. Porque es incomprensible para la sociedad, que más de 40.000 estudiantes y cerca de 4.000 profesores se mantengan en la retaguardia y sólo actitudes valientes e intuitivas como la precitada de Manrique nos avisan y proponen. Para evitar lo que a través de Fausto dice Goethe: “que los poquísimos hombres que han sabido algo, y que han sido suficientemente necios para dejar que se desbordasen sus almas y para enseñar al pueblo lo que sentían y pensaban, en todas las épocas han sido sacrificados y entregados a las llamas”.

 

El turismo tiene la suficiente importancia en el mundo, y son tantos los problemas que el desarrollo turístico tiene que afrontar: los dos que hoy hemos señalado brevemente, la situación violenta en el planeta y la capacidad alojativa de los espacios insulares turistizados, como para que sea una exigencia de todos (ciudadanos, estudiantes, profesores y profesionales vinculados a la actividad más dinámica y cambiante de los años actuales) abordar en términos de reflexión científica el fenómeno turístico desde el ámbito de una Facultad de Turismo. A nuestro modo de entender, Lanzarote y su actividad turística aspiran de una forma clara y concluyente a disponer de ella en los próximos años.

 

No hay que olvidar que una instalación turística no es un pequeño nicho encerrado en sí mismo, sino que irradia al exterior generando oportunidades pero también dificultades. Ambas hay que abordarlas con rigor. Las oportunidades, estudiándolas para mejorarlas y evitar que se deterioren y estandaricen, y las dificultades, en términos ambientales, socioculturales y económicos, para minimizarlas y convertir a la actividad turística en una oportunidad.

 

Por último, a la familia, amigos y amigas, que han asumido con paciencia estoica las horas, los días, las semanas y los años de intenso estudio de los que hoy se gradúan, tienen que saber que al igual que ustedes, desde el exterior del centro, han vivido con ansiedad los acontecimientos que se iban produciendo, a los estudiantes les ha servido para abordar con más calma tanto los acontecimientos con los que día a día desayunábamos,- que por desgracia, no van a parar-, como el rigor y la dedicación profesional que van a poner para minimizar efectos negativos y cualificar nuestro destino turístico, potencia mundial.

 

A las familias que hacen un esfuerzo denodado, sobre todo de tipo económico, sepan que nunca es en vano ni es poco ese esfuerzo, porque no hay cosa más gratificante en esta vida que contribuir a la educación.

 

A los compañeros, profesores y profesoras, personal de administración y servicios, entendemos que el esfuerzo en la actividad docente no aspira a ningún tipo de recompensa, sino a la gratitud de contribuir a mejorar las condiciones intelectuales de la sociedad. Esa es y debe ser nuestra función, que hemos aceptado de forma voluntaria, con altas cotas de gratificación como cuando asistimos a actos como el de hoy.

 

Las autoridades públicas, Cabildo, ayuntamiento y gobierno de Canarias, recordando a Machado, no deben jamás confundir “valor con precio”. El valor de la enseñanza y educación no es medible en términos monetarios. Por lo tanto, la disponibilidad desde las decisiones políticas al poner al servicio de estas funciones todos los recursos monetarios disponibles siempre será poco. Y una actitud de compromiso con la sociedad, obliga a no regatear nunca los esfuerzos que haya que hacer para poner todos los medios necesarios.

 

A los que hoy se gradúan, estimados alumnos y alumnas, reiterarles mi más inmensa gratitud y recordarles, si se me permite, el futuro brillante pero de compromiso que tienen. Porque hay que decir una cosa: son unas personas privilegiadas, una porción pequeña de la sociedad que ha logrado alcanzar estudios universitarios. Pero eso compromete más en una triple dimensión: profesional, académica y ciudadana.

 

Para mí ha sido todo un placer conocerles y sólo deseo que vivamos infinitamente y darles un inmenso beso.

 

Lanzarote, sábado 17 de julio de 2004

 

 Pedro Hernández

 

 

e-siroco

Lanzarote, Islas Canarias

 

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