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EDITORIAL
EN EL ECUADOR DE MI VIDA por Rafael Fuentes
OPINIÓN Puedo prometer y prometo y el diccionario por Agustín Felipe
OPINIÓN por José Sánchez
OPINIÓN por Ramón Pérez Hernández
TRIBUNA LIBRE Democracia participativa en las organizaciones y los límites del asamblearismo por Xavier Godás [mientrastanto]
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Agosto 2004. Número 11 (Primera quincena) EN EL ECUADOR DE MI VIDA
Gente nefasta El nacionalismo de derechas, en Canarias, ha sido la clase colaboradora del antiguo régimen y sus políticas coloniales. Vinculados al comercio y a otras actividades económicas emergentes o relacionadas con las políticas de sus «jefes», gozaron de una posición privilegiada que proporcionó grandes y particulares fortunas, además de un sinfín de réditos políticos y administrativos. Poseedores de una escasa o nula cualificación, sus éxitos radican en la oportunista posición desempeñada. Son unos impresentables, el egoísmo desnudo. Actúan dóciles a sus «patrones» en detrimento de las legítimas aspiraciones nacionalistas, las propias de un nacionalismo subyugado y dependiente. Para poner en práctica sus nefastas políticas precisan de apoyo popular. La divisa que utilizan, como carnada para rentabilizar electoralmente esa necesidad, es recurrir al sentimiento: La tierra como valor político. La práctica política, que siempre define la verdad, les ha desenmascarado: Carecen de valores positivos y de formación, también de capacidad. El desarrollo, la implantación de nuevas tecnologías, las modernas redes de comunicación y el natural avance hacia una cultura global que propicia los cambios de fortuna, han puesto de relieve la incapacidad política generacional de estos elementos. No sirven. Sus prácticas políticas los descalifican. Esperpéntica situación que, unida a los recientes castigos electorales, aboca a su desaparición en un futuro mediato. Sí tenemos en cuenta los resultados electorales donde el PP consiguió un tímido y efímero ascenso, en términos porcentuales, y el PSOE un abrumador triunfo no resulta aventurado afirmar que hoy prima la manifestación de rechazo de los canarios. Como resultado, de sus perversas políticas, la población sufre las consecuencias y sabiendo o conociendo lo suficiente para manifestar el rechazo no termina de encontrar la fórmula que permita superar esa viciosa tendencia a optar por lo existente que imposibilita la creación de nuevas opciones. En Lanzarote, a diferencia del nacionalismo de derechas en Canarias (CC son los herederos) cuya nula filosofía emana de su privilegiada posición en el entorno de la clase colaboradora, el insularismo de derechas (PIL) nace del resentimiento adormecido del Lanzarote primario. Resentimiento hacia el beneficio y posición histórica del nacionalismo de derechas en Canarias y sus herederos, conjugado con el demagógico discurso de que «nosotros no hemos colaborado con las políticas coloniales, tampoco con el antiguo régimen». Es en éste Lanzarote, profundo, donde el populismo incendiario del PIL encuentra su filón y sustenta su vano discurso: En el ámbito de la castración total del conocimiento político, donde el omnipotente líder oferta, con ambigüedad, la posibilidad de la revancha a cualquier precio: «Lanzarote es de ustedes». Una vez más son sus prácticas políticas quienes les desenmascaran, descalificándoles y desprestigiándoles. Dejan al descubierto su conducta social, sus actitudes, la evidente ineficacia y el vínculo con la delincuencia común y con sus cómplices. Conformados en lumpen político con un futuro muy comprometido, al borde del abismo, han echado su resto sobre la mesa y ellos lo saben. Ante la nueva disyuntiva optan por un abrazo mortal (PIL – CC – PP) que alimenta una alianza con la delincuencia común, pacto que por sí mismo constituye la manifestación pública del acto de «caraduras organizados» más elocuente. Con la única intención de retener el poder y tener 3 años más para acrecentar sus fortunas particulares mientras esperan un milagro que cambie sus sinos y las intenciones del electorado que hoy les rechaza. Dan los últimos coletazos y ellos lo saben. A los Consejeros y Concejales (CC – PP) que apoyan el lumpen político, la corrupción, la delincuencia común y a sus cómplices, solo les queda el cargo y son pretores alejados de las demandas de la Sociedad. Sin apoyo de las bases, mucho menos de una sociedad emergente, responsable, donde se alzan voces críticas que demandan responsabilidades forman un grupo de personas ( en torno a los 25 – 30 elementos) individuales, con sus ambiciones personales y los intereses particulares de sus bienes y bolsillos, unidos por un tejido de complicidad que se sustenta en el conocimiento que los unos tienen de las actividades y prácticas de los otros. Se impone «la Omertá»: La ley del silencio. Son individuos coincidentes, no grupos, cada uno por motivos distintos, también por los mismos. En una situación agravada por la dificultad para conseguir financiación para sus partidos, es fácil imaginar el riesgo añadido que supone, en la actualidad, seguir engrosando el enriquecimiento personal. Hoy, como prójimos desclasados, aislados, medianamente identificados por la ciudadanía a través de sus actitudes y prácticas, son cadáveres políticos de un futuro inmediato. Frente al proceso de descomposición y fraccionamiento de sus organizaciones, sin apoyo de las bases, cuando se desmorona el edificio, con el único afán de retener el poder político, como una guardia pretoriana, legitiman y amparan la corrupción política al tiempo que desprecian a una sociedad esperanzada que les manifiesta su rechazo y que exige que se gobierne con rigor político, con un discurso científico, con sencillez y con sentido común. La necesidad siempre ha actuado como motor de la historia y Lanzarote necesita hoy un cambio de la percepción política. La ciudadanía demanda una isla bien gobernada por personas honestas. Hay que señalarlos de forma adecuada, destaparles «la mierda», minándoles el entorno. Han echado su resto sobre la mesa. Van de farol y ellos lo saben. La ciudadanía juega. Rafael Fuentes
Lanzarote, Islas Canarias
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