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Agosto 2004. Número 11

(Primera quincena)

 

OPINIÓN

 

¿Revivirá nuestra palmera?

 

Admirable el brío, el entusiasmo, la pasión, que el Sr. Alcalde de Haría, Don José Torres Stinga  exterioriza noblemente por  el símbolo de Canarias, nuestra Palmera Canaria. Me entusiasma usted Don Pepe con ese inquebrantable deseo de crear un vivero “para que se deje de importar la palmera jardinera y se sustituya  por la originaria del Archipiélago nuestra Phoenix Canarienses”, que, efectivamente Don José, es un endemismo maravilloso insignia de nuestra región, sobresaliente de la gran familia de las palmeras, princesas del reino vegetal, por ser la más esbelta, airosa, cimbreante, decorativa, elegante y estilizada de todas las plantas ornamentales, y que además  le da a cualquier jardín, cualquier interior o cualquier playa un toque  tropical inconfundible, una sugerencia irresistible de vacaciones, de placer y ocio, un magnífico atisbo del añorado, soñado, deseado paraíso terrenal; que se da bien en zonas costeras y calurosas y aguanta el frío; que es muy rústica, se adapta a suelos pobres y resiste la sequía, el viento el mar y pleno sol.  Es fascinante. Nuestra palmera canaria se utiliza para ornamentar jardines, parques, avenidas, hoteles, playas, en todo el mundo.  Dos mil cuatrocientas palmeras canarias  de unos 20 m. de alto cubren la Avenida principal de 13 Km. y jardines de Berverly Hills, barrio del oeste de los Ángeles (EE.UU).

 

Enigmático que en la actualidad se prefiera la plantación de la importada palmera real cubana (la “plumosa” plantada en toda la marina arrecifeña) a la palmera canaria que representa con honor el símbolo de las Islas Canarias, que es  de grueso tronco,  follaje verde y, tonos amarillentos en ocasiones, destacando en el paisaje cual estallidos de fuegos de artificio y que  es fuente de numerosos recursos alimenticios (miel de palma, támaras) y aporta, igualmente, materia prima para la artesanía e infinidad de usos; que además posee una característica muy especial: se ¡auto-poda!, es decir, cuando la hoja o penca no cabe en la parte inferior de la copa, por el crecimiento de nuevas, el tronco del pírgano se seca y cae  al suelo. La  “plumosa” cubana  exige  suelos ricos en materia orgánica, abundante agua y ¡ojo!  poda manual que resulta financieramente enormemente gravosa.

 

Una proposición Don José: ¿Por qué no se catequiza usted en adalid de la palmera canaria en Lanzarote, como en un tiempo lo fue César Manrique?. ¡Ánimo amigo mío! y  cuente con el decidido  apoyo cívico de su seguro servidor.

 

Ramón Pérez Hernández

 

  e-siroco

Lanzarote, Islas Canarias

 

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