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Agosto 2004. Número 12

(Segunda quincena)

 

EN EL ECUADOR DE MI VIDA

 

San Ginés

 

Miguel Manzano (izq.) y la familia Fuentes Moreno en la fiesta de San Ginés de 1963

Mi barrio, sin ánimo de exclusividad ni propiedad, fue en época balcón que asomó al paulatino y creciente desarrollo de una ciudad básicamente marinera.

Creció sitiado de morros, cual pedregosa sinfonía de exclusivos colores, dibujando una basta red de veredas con intrincados nudos que, a modo de primitivo intercambiador, repartía al caminante ya fuese persona o animal.

«Titirroy» generoso núcleo experimental, modélico ejemplo de urbanismo tolerante y agradecido, proporcionó casas con amplios patios que permitió el lógico y natural crecimiento de las viviendas al tiempo que lo hacían las familias. Barrio creciente, termómetro social en ciudad nueva.

El crecimiento de los barrios conformó, al golpito, lo propio de Arrecife.

En el caso que hoy me ocupa, fue la foto familiar testimonio anual y festivo de la evolución en todos los órdenes de nuestro reducido mundo, el de entonces. Doblemente reducido, primero por mi corta edad, segundo por nuestras escasas posibilidades.

Las fiestas de mis recuerdos eran escuelas apreciadas, musa y alimento de sueños infantiles con feriantes futuros. Ferias de granizados paseos. Pasarela permanente en ordenado y denso deambular de dos vías. Simposio anual de eternos mercaderes de curiosos e ignotos apetitos. Escaparate festivo de comerciantes del menaje metidos a feriantes: «¡…Y otraaa torreee de calderossss!».

Trabajosa promoción para precursores de primitivos portátiles: «¡¡Mira, mira Manolín otra máquina de escribir a pulso!!».

Ocasional púlpito de idealistas de la oratoria: «¡Hagan juego señores!», «¡Hay que participar con alegría para llevarse los premios de la estantería!».

Saturado Agosto para nuestros queridos fotógrafos: Gabriel, Reguera, Marcelino, Tito, etc.

Son las fiestas de mis recuerdos ferias de desaparecidos y sugerentes aromas y sabores. Concurso abierto de inigualables adobos. Ferias del mojo y la sal gorda.

Son las fiestas de mis recuerdos, ferias de tranquilidad y sosiego, de estreno de ropa nueva, de la «ola marina», de las «carreras de botes», de la caña dulce y el cacho pota.

Son las fiestas de mis recuerdos las propias de una ciudad marinera que se meció acunada por el agradecido ulular de las sirenas de sus factorías.

Son las fiestas de mis recuerdos ferias de sencillez ciudadana que comenzaba en la boca del muelle chico y se extendía un poco más allá de la escuela La Marina.

Las fiestas de mis recuerdos, al igual que las casas de «Titirroy» que crecieron en consonancia, reivindican un digno espacio donde puedan crecer en armonía con la ciudadanía de hoy.

Las fiestas hoy demandan un justo y permanente lugar, después vendrán los sabores.

¡Granizados recuerdos de caña dulce y cacho pota!

Rafael Fuentes

 

 e-siroco

Lanzarote, Islas Canarias

 

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