Abril 2004. Número 3

(Primera quincena)

 

OPINIÓN

 

¡Bienvenida Mrs. Mary!

El barco de cruceros más grande y fastuoso del mundo va a ser recibido en Lanzarote con lo que a nuestros excelsos políticos les sobra: ignorancia y estupidez.

Porque sólo en mentes donde florecen abundantemente estas cualidades se podría planificar la inversión de tanto esfuerzo -sospechamos que dinero también- para recibir a un barco.

No se piense que son descalificaciones gratuitas hacia los políticos que padecemos en Lanzarote, es lo más suave que podemos decir de un Cabildo Insular que, por ejemplo, en los pasados carnavales decidió no poner un servicio de transporte público nocturno que uniese los distintos núcleos poblacionales con Arrecife, (al igual que se hace, por ejemplo en los de Tenerife, donde los jóvenes que quieren disfrutar de las fiestas no tienen que jugarse la vida en la carretera), pero que, sin embargo, pone guaguas gratuitas para ir a ver al Queen Mary II.

También son dignos de alabanza los numerosos actos culturales que, con motivo del atraque en el muelle de Los Mármoles del citado barquito, se van a celebrar, mientras que brillan por su ausencia el resto del año.

Y el rostro se nos debe agriar mucho más cuando pensamos en los cientos de ciudadanos de este mundo que tratan de huir del hambre, aún a costa de lo único que poseen, su vida, y para los que no ponemos nunca alfombras rojas.

Lanzarote reúne estas grandes contradicciones e injusticias, recibe a los más favorecidos del planeta -cuya fortuna en muchos casos seguramente se asentará sobre la esclavitud de hecho de muchos seres humanos-, y a los más desfavorecidos y que más sufren.

Y en medio, los ciudadanos de la isla coreando el desprecio a que los políticos locales les someten.

 

Latitud 28º

e-siroco

Lanzarote, Islas Canarias

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