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Fundamentalismo mundial

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[Pensamiento Crítico]

 

 

 

 

 

 

Abril 2004. Número 4

(Segunda quincena)

 

 ANÁLISIS

 

Breve síntesis de la historia de Lanzarote (I)

 

 

1) EL TERRITORIO COMO SOPORTE FÍSICO

 

Las grandes etapas de formación del territorio

 

Según el conocimiento que hoy poseemos del origen y formación de la isla, parece que hace algo más de 10 millones de años se produjeron los acontecimientos volcánicos y tectónicos que hicieron emerger por primera vez una parte de los que hoy es la isla de Lanzarote y que constituyen pruebas físicas de lo que se denomina Serie I.  Restos de aquélla etapa formativa, son el Macizo de Famara y el conjunto montañoso conocido por Los Ajaches.

 

Este período está relacionado con el Primer Ciclo volcánico, que quedaría encuadrado aproximadamente entre los 5,1 y 20 millones de años y por lo tanto se correspondería con las postrimerías del Terciario (Mioceno). Se trata, desde el punto de vista geológico y petrológico, de los restos de coladas y piroclastos basálticos que se produjeron en aquella etapa.  Al finalizar este primer ciclo, parece producirse un prolongado período erosivo (unos 4 millones de años) que transformaría sustancialmente la fisonomía de la isla preexistente.

 

El segundo gran período, comprende las denominadas Seres II y III, siendo especialmente esta última, la etapa que conformará fundamentalmente el soporte físico de la actual isla, ya que se extiende a lo largo de casi toda su geografía, tanto en su afloramiento directo (el mayor porcentaje del territorio insular), como debajo de los episodios volcánicos posteriores.

 

Comprende este período, la  actividad volcánica que va desde unos pocos miles de años, hasta los 5,1 millones de años. Se forma este territorio, fundamentalmente dentro del Cuaternario, aunque se correspondería con el dilatado período del Pleistoceno. También se caracteriza por estar formado por coladas y piroclastos basálticos.

 

Podemos afirmar, también, que la mayor parte de la superficie cubierta por las erupciones del s. XVIII, se habría formado en esta etapa. Desde el punto de vista edafológico, se corresponden con los característicos suelos marrones, aptos para el cultivo, como con zonas de antiguos malpaíses muy erosionados improductivos o semiimproductivos (terrenos pedregosos), que por lo general y cuando se encuentran relativamente próximos al litoral (aunque pueden estar a varios kilómetros hacia el interior), se denominan «costas».

 

La mayoría de las montañas de la isla, se corresponderían con los centros eruptivos que crearon el territorio de este Segundo Ciclo Volcánico. Entre otras cabe destacar a Caldera Blanca,  Montaña del Rodeo, Montaña Negra, Montaña Blanca, Guatisea, Tamia, Montaña Mina, Tinache, Timbaiba, Tinasoria, Montaña de Guenia, Montaña de Ubigue, Los Rostros, Ortiz, Montaña Negra, Diama, Testeína, Chupadero, Tremesana, Pedro Perico, María Hernández, Tínga, Guardilama, etc..,así como algunos lomos,  conos y elevaciones existentes en la isla, al igual que en La Graciosa, Alegranza, etc.. Gran parte de las zonas cubiertas por las «arenas volcánicas» y que hoy se sitúan en La Geria, Testeina, Masdache, Chibusque, El Sobaco, etc., pertenecen a este tipo de terrenos.

 

El tercer ciclo, que se asocia con la serie  IV, se corresponde con el vulcanismo holoceno, que comprende aquellos acontecimientos eruptivos sub-recientes y los de períodos históricos. Es decir, los ocurridos en los últimos quinientos años, o los que hipotéticamente pudieron ocurrir en la etapa de ocupación de los antiguos Majos. Este hecho es defendido, como posibilidad, por ciertos vulcanólogos, como J.C. Carracedo, que nos dice: «.. hay 4 centros de emisión que, por este método de datación, deberían haberse producido hace unos 1200-1300 años (600-700 AD): La Montaña de Mazo, Timanfaya Antiguo, La Caldera del Corazoncillo y la de Santa Catalina.,..»(Carracedo,J.C, Rguez.Badiola,E.-1991,pág.61).

 

Si bien la idea que ha existido hasta el momento sobre el territorio desaparecido por las erupciones se refiere a que la mayor parte de él estaba formado por viejas llanuras, muy erosionadas, constituídas por suelos marrones, correspondientes, por lo tanto, al Segundo Ciclo Volcánico, nuestras investigaciones contradicen parte de esta afirmación.  Aunque esta idea es cierta para la mayoría del territorio de la isla, creemos que en la zona que desapareció con los volcanes del s.XVIII, existían algunos terrenos relativamente recientes, formados en episodios volcánicos del Holoceno, y por lo tanto con unos pocos miles de años de antigüedad.

 

El mejor exponente de este tipo de áreas, correspondientes a la primera etapa de dicho ciclo, constituídas por malpaíses muy poco alterados, y asociados a importantes superficies de piroclastos también poco degradadas, es la que se formó con el Volcán de la Corona, al norte de la isla. Quizás un poco anterior a esta etapa formativa (tal vez en el tránsito del Pleistoceno al Holoceno), sería el Malpaís del Mojón en las proximidades del Golfo, cuyos centros de emisión podría corresponderse con la Montañas de Juan Perdomo y Montaña Encantada. Existen aún importantes dudas sobre la antigüedad de estos episodios subrecientes correspondientes con la fase IV.

 

Ahora bien, serán las erupciones del s. XVIII y en menor medida las del XIX, las más recientes y conocidas. Las primeras, que duran entre 5 y 6 años, representan uno de los acontecimientos volcánicos más importantes del planeta de los descritos documentalmente. Cubre una cuarta parte de la isla, afectando a una de sus áreas más ricas y pobladas. La fisonomía geológica de la isla,  gran parte del litoral del noroeste, de su zona central, etc.. se transforma. Se trata de un proceso de construcción del paisaje insular que está apenas dando sus primeros pasos erosivos. Un caso muy llamativo, es el área del Jable donde en apenas 263 años se están cubriendo algunas de las coladas del XVIII por las arenas, y sobre todo la costa recién creada del norte sometida a la intensa erosión marina. No podemos olvidar la capacidad erosiva y de transformación que representa la «acción humana» en estas últimas décadas.

 

Condicionantes climáticos y agentes erosivos

 

Es necesario tener presente también, que la evolución y transformación del paisaje y de los distintos ecosistemas que existían en cada etapa, no sólo iba a responder a factores exclusivamente geológicos, sino también tenían un papel destacado los diferentes cambios climatológicos ocurrido a lo largo de los cientos de miles de años que dura la Serie III y la más reciente Serie IV, responsables de buena parte de la fisonomía actual del relieve lanzaroteño. Algunas zonas litorales de la isla nos enseñan playas levantadas, testigos de los movimientos de los niveles del mar a lo largo de toda esta etapa, resultado de esta dinámica también el afloramiento de fósiles marinos ya extinguidos, como los que podemos observar en los importantes yacimientos paleontológicos de Berrugo, Papagayo, Janubio, Risco del Palo, etc. Los cambios de temperatura, los diferentes índices de pluviosidad, el viento, el oleaje, etc. han contribuido a modelar de forma más o menos insistente el paisaje de la isla. No podemos olvidar las numerosas erupciones que a lo largo de cientos de miles de años, han regenerado muchos de los viejos paisajes erosionados, colmatando antiguos barrancos, cambiando la red de drenaje, modificando la fisonomía de las costas, etc...

 

Tenemos por lo tanto una resultante muy particular de ese dilatado período de formación y modelado, la isla actual. Existen varias zonas en el centro de la isla, como el Lomo Camacho o el Lomo de San Andrés donde podemos observar perfectamente, diferentes etapas formativas de la isla, en algunos excepcionales estratos de gran altura donde se superponen niveles de piroclastos y otros de jable de gran pureza.

 

Los condicionantes orográficos inciden de manera importante en la isla. El punto mas alto de Lanzarte se encuentra en las Peñas del Chache con 670 m., aunque la media insular se sitúa en los 400 m. lo que impide que el alisio, (vientos dominantes cargados de humedad) apenas produzcan efectos en la isla, con lo que unido a su situación geográfica y climática  (área subtropical), los efectos de ciertas dinámicas locales, (anticiclón de las Azores, alisios, corriente fría del Golfo, etc.). establecen unos rasgos geográficos y unos ecosistemas que han constituido el soporte físico de la isla y han condicionado muchos de los elementos definitorios de las culturas asentadas en esta isla, como puede ser la aridez, la erosión eólica, la insolación (atenuada en parte por la brisa marina), la formación de suelos de baja productividad, sólo compensado por los aportes de cenizas volcánicas recientes y los jables, unido a la alta humedad relativa como particularidad no sólo física sino cultural han hecho posible formas muy originales de adaptación del campesinado a la tierra con toda suerte de técnicas y conocimientos, en un importantísimo saber acumulado y transmitido de generación en generación.

 

Ahora bien si ha existido un elemento definidor, no sólo del paisaje y de los ecosistemas de la isla, sino de la cultura asentada desde hace cientos de años, ha sido el agua, sobre todo su agónica ausencia. Miles de aljibes, maretas, cisternas, han salpicado históricamente todo el territorio insular. Salvo contadas fuentes, sobre todo en el norte, y algunos pozos en el sur de la isla, y algunos puntos del norte, no ha habido más agua que la de lluvia, cuando casi milagrosamente llovía. Las originales y laboriosas alcogidas se encuentran alrededor de todo tipo de depósitos, para aprovechar hasta la última gota. 

 

 

2) LOS RECURSOS POTENCIALES: LA BIODIVERSIDAD POTENCIAL E INTRODUCIDA

 

Si la reconstrucción de las diversas etapas formativas del territorio de Lanzarote presenta muchas dificultades, el conocimiento sobre la aparición y evolución de la flora y la fauna en la isla presenta, también, una gran complejidad. Hay que tener en cuenta los escasos estudios paleontológicos llevados a cabo, así como los referidos al análisis de la paleoflora y paleofauna potencial, desde indicadores indirectos, análisis polímicos, estudio de los paleosuelos, etc...

 

En cualquier caso, la fauna y flora potencial no iba a diferir sustancialmente a lo largo de toda la isla, aunque sí parece que ha existido una evolución notable en determinados períodos del pasado, donde se ha podido constatar niveles de humedad y presencia de vegetación potencial mucho más alto que en la actualidad. No obstante, a pesar del limitado tamaño insular y de su escasa altitud, han existido, y existen, algunas zonas con ciertas especificidades, desde el punto de vista de la diversidad de ecosistemas insulares, sería el norte montañoso, el Risco de Famara, algunos terrenos singulares como el Jable, malpaises recientes, las llanuras desérticas del sur, el macizo de los Ajaches, etc..

 

En general la diversidad biológica iba a estar fuertemente condicionada por las limitadas y/o especializadas condiciones ecológicas de la isla (aridez, insolación,..), y sobre todo por el aislamiento insular. Este hecho, por el contrario, ha sido la causa en Lanzarote y en las islas en general de que existan y muy posiblemente hayan existido destacados endemismos y especies autóctonas de gran singularidad.

 

(Continúa en el próximo número de SIROCO)

 

José de León Hernández

Arqueólogo

 

 

e-siroco

Lanzarote, Islas Canarias

 

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