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EN EL ECUADOR DE MI VIDA por Rafael Fuentes
UNA VENTANA AL MUNDO Sahara. Historias de traiciones (I) por Agustín Felipe
OPINIÓN por Ramón Pérez Hernández
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Julio 2004. Número 9 (Primera quincena) EN EL ECUADOR DE MI VIDA
La azotea
<Cubierta más o menos llana de un edificio, dispuesta para distintos fines // Cabeza humana // Estar alguien mal de la… estar chiflado> De niño todos los lugares altos se me antojaban sugerentes e impracticables. Entre éstos había uno que resistía y, peligrosa e inalcanzable cima, fue fatal desenlace de amigo finado. Almena soñada, reducto inexpugnable de niñez perdida. Siempre por encima de mi cabeza amplió horizontes que, aún sin mover los pies, me sacaron del barrio. En adolescente evolución fue punto de encuentro y serpentía de paso entre almas y casas vecinas. Secreto refugio con retozadas primas. Salto al vacío de «porros» primerizos, penitenciaría palomar. Lugar del apresurado paso de rachas, ondas y frecuencias. Nido de antenas. Nacimiento y manantial de goteras domésticas. Musa y alimento de humorista de bandera, digno título y cabecera. Buena cultura y educación en formato programa. Terrero de gatuna lid. También fue/es ruta de acceso y lugar de trabajo de más de un ladrón que nos deja con lo puesto. Allí accedíamos (según edad, momento o circunstancia) usando técnicas y herramientas («encaramarnos», «empinarnos en el muro», escalera de «arrimá», por «casa la vecina» etc.). Entonces pocas casas, al menos las de mi barrio, tenían accesos adecuados. Subir, como ahora, costaba lo suyo. Hoy con mis achaques, en el epicentro de una sociedad ascensorizada llena de elevadores, escaleras mecánicas y barreras arquitectónicas, en el renqueante, terapéutico y cotidiano paseo agradezco más que nunca una azotea a nivel de calle, con acceso practicable. Azotea a fin de cuentas. Pero… ¿quiero yo una azotea cuando paseo? A Arrecife le vendaron los ojos, le dieron cuatro vueltas hasta «marearla» y cuando le quitaron la venda, como si de una pesada broma se tratara, el Parque Islas Canarias había desaparecido. Aquel maravilloso parque de arquitectura sinuosa, rebosante de sencillez, fue Universidad de muchas generaciones de lanzaroteños. A mi padre, cualificado ebanista, le inspiró innumerables creaciones de las que hizo talleres para la familia. El Parque Islas Canarias rodeado y robado a los ojos del ciudadano ha sido, para una importante colonia de «Phoenix canarienses» amén de otras especies arbóreas, el «Abu Ghraib» local. Un destino horrendo: palmeras maltratadas hasta morir o pinos vilmente descuartizados. Consumado el delito (el robo del parque) la azotea es una realidad a pesar de la «sonada protesta ciudadana por el escándalo del aparcamiento, que motivó la manifestación del 27 de septiembre de 2002 a la que concurrieron, en repiqueteada y legítima acusación, más de 10.000 vecinos» como escribiera recientemente, «a lo monso» con ardiente pluma , Ramón Pérez Hernández. Diez mil voces, un grito: ¡¡¡Esto era un parque. ahora ¿qué es?!!! Azotea desnuda, inerte, sin vida. Azotea vana, fría, vacía. Azotea sin «cuartos», como las Instituciones. Azotea muerta, azotea gaseada. Por cierto ¿Quién cortará la cinta de inauguración? ¿Lo hará la Alcaldesa gobernante o la que concedió la licencia? Arrecife ciudad amnésica, sin memoria. Rafael Fuentes Lanzarote, Islas Canarias
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